#4 Salir a caminar por el bosque

Salir a caminar por el bosque es un lujo que tengo (que tenemos) y que es gratis.

Cuando vives en la ciudad, pierdes un poco el control sobre lo que te rodea. Coches y motos que pitan y tienen prisa. Gente que anda rápido. Atascos. Transportes públicos abarrotados. Terrazas llenas.

El propio bullicio hace que tu mente, de manera inconsciente, vaya a mil también. Piensas en la reunión a la que te diriges. En lo que harás después. En tu lista de tareas. Tus hijos. Tus dudas o tus miedos.

La ciudad no deja que te relajes. Porque siempre tiene algo que ofrecer. Siempre hay movimiento. Rara vez hay calma.

Por contra, huir de la metrópoli al bosque puede ayudar a poner ese ajetreo en perspectiva. Simplemente yendo a un parque cercano, desde el que no se escuche el ruido urbano, puedes lograr este efecto.

salir a caminar por el bosque
Foto de Steven Kamenar en Unsplash

Rodeado de naturaleza, la vida se ralentiza. Tú te ralentizas. Conectas contigo y con el universo. Puedes experimentar lo que los griegos denominaban sympatheia: la interconexión e interdependencia de todas las cosas en el universo.

Puedes estar más presente. Recuperar la sonrisa que el estrés había borrado al ver a las ardillas corretear de un árbol a otro. Escuchar el crujir de las hojas bajo tus pies.

Si tienes suerte, o madrugas mucho, incluso experimentar ese silencio que no estás cuando estás absolutamente solo rodeado de naturaleza. Y no es tal porque el bosque habla. Hablan los árboles entre ellos. Pasa el viento por entre sus ramas y lleva mensajes de una parte a otra.

Puedes sentir el suelo vivo, lleno de raíces y micelios que conectan la vegetación entre sí.

Los japoneses tienen una expresión para estos paseos: shinrin yoku o ‘baños de bosque’. Se recomienda desde hace tiempo para mejorar la salud y reducir el estrés. Así lo atestigua un estudio de la Universidad de Stanford, también.

Si estás en un sitio elevado, puedes contemplar la inmensidad del horizonte. Poner las cosas en perspectiva. Darte cuenta de que todo lo que tenías en la cabeza, no deja de ser relativo. Pero cuando estás mucho en ese espacio entre tus dos orejas, parece que sea absoluto. Que lo sea todo.

Por eso, salir a caminar por el bosque es algo que agradezco mucho. Me da, y puede darte, algo de la paz que te falta.

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